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Toda innovación influye.

Esta nota les propone una revalorización del legado que nos han dejado los sistemas constructivos que demandaban menos energía para hacerlos operables.

María Eugenia Prece

1/1/20263 min read

Fachada del Consulado de Italia en Rosario restaurada por Almapiedra de noche.
Fachada del Consulado de Italia en Rosario restaurada por Almapiedra de noche.

“De los habitantes de Andria merecen recordarse dos virtudes: la seguridad en sí mismos y la prudencia. Convencidos de que toda innovación en la ciudad influye en el dibujo en el cielo, antes de cada decisión calculan los riesgos y las ventajas para ellos y para el conjunto de la ciudad y los mundos”, Ítalo Calvino, “Las ciudades invisibles”.

Tener conciencia de que toda innovación en la ciudad influye “en el dibujo en el cielo”, es algo que pudimos aprender todos aquellos que estamos prestando atención a los detalles que los edificios históricos sostienen sobre la ciudad. Lo que nos lleva a creer que los hacedores de estas obras deben haber tenido conciencia de la trascendencia de su hacer y del legado que ofrecían a través de él. Quizás porque no habíamos entrado todavía en la exacerbación del consumo, en la lógica de la obsolescencia programada que caracteriza nuestra época actual, los constructores antiguos tenían, como los habitantes de Andria, la virtud de la prudencia. En cambio, los grandes edificios en altura que construimos hoy, con pieles de vidrio que demandan grandes cantidades de energía, no solo para construirlos, sino para climatizarlos y hacerlos funcionar, parecen más bien desafiar al cielo.

En esta nota les queremos proponer una revalorización del legado que nos han dejado los sistemas constructivos que demandaban menos energía para hacerlos operables. Tomemos como ejemplo el uso de la cal, material primordial de la arquitectura patrimonial. Su fabricación responde a los principios de la economía circular, por ejemplo, ya que se parte de una piedra caliza, la cual se calcina, se hidrata, se utiliza y vuelve a convertirse en piedra con el tiempo y su interacción con el CO2 de la atmósfera. Así, el proceso de obtención de cal natural para la construcción tiene menos pasos que el de la fabricación del cemento, no usa aditivos ni residuos industriales, y se obtiene a una temperatura menor, por lo que el uso de combustible es también menor.

Gracias a esto es que podemos comprobar cómo los muros de cal “respiran”. La cal tiene la capacidad de crear un ambiente confortable de un modo natural y sin gastar energía, mientras que los muros de cemento no transpiran, por lo que se producen condensaciones y se favorece la proliferación de moho y bacterias, además de requerir más climatización, la cual casi siempre funciona a base de energías no renovables. Además, la ductilidad de los morteros de cal permitía configurar hermosos diseños que persisten en el tiempo. De hecho, existen estucos y frescos de más de 2000 años.

La elección de qué materiales utilizar en las obras edilicias de nuestra ciudad no es algo menor, ya que, como sostiene el Consejo Internacional de la Construcción, el rubro de la construcción civil es el sector humano que consume la mayor cantidad de recursos naturales y genera la mayor cantidad de residuos, utilizando energía de manera intensiva durante todo su proceso.

Una forma de promover la reducción de residuos que permita minimizar los daños ambientales está en el principio de las 3R de la economía circular: reducir, reutilizar y reciclar. En la economía lineal, el producto se crea, se usa y luego se convierte en desperdicio, mientras que en la economía circular el producto vuelve a ser parte del proceso de producción.

Con esta reflexión buscamos revalorizar la capacidad de pensar nuevos usos para los edificios antiguos, no sólo por mantener su belleza, sino por buscar sistemas constructivos más sustentables, que con imaginación reinventen espacios en sus amplios ambientes, y que mantengan esos materiales nobles que invitan a su restauración y reciclaje. Incluso podemos reutilizar sus componentes: la madera, cerámicas, mosaicos calcáreos o de gres, hierros y bronces. En estos edificios todo puede ser reutilizado. Y así, seguir comprometidos con la prudencia que caracterizaba a los habitantes de Andria, conscientes de los bellos dibujos que se reflejan en nuestro cielo, y, sobre todo, de la salud del mismo.